martes, enero 27

piropo

Fue al hospital a hacerse la aplicación pero esta vez tomó precauciones para que la hora y media no se le haga interminable. Se llevó un libro de cuentos de Ana María Shua y cuando el goteo se agotaba al fin, lento, preciso y constante, terminaba el cuarto cuento. Sobre el final de este último leyó una enumeración en viñetas de piropos a hembras transeúntes que la dejó con una media sonrisa en la boca.

Se despidió de las enfermeras hasta el lunes que viene, al salir entró en la panadería de enfrente a comprar unos miñoncitos que la tentaron desde la vidriera y emprendió la marcha hacia su casa, morfando pan por la vereda de la sombrita. Cuando pasó por el edificio en construcción los muchachos estaban almorzando y la llenaron de silbidos, piropos, propuestas de ya saben qué. Uno de ellos se acercó y al verle el libro en la mano le preguntó

¿Qué leés, mamita? decime qué leés.

Ella retomó la página que había dejado señalada y con la boca llena de pan y escupiendo migas, le leyó:

"de vos me enamoraría, hermosa, carita de hada cuerpito de diosa, no hay nada más lindo que coger enamorado, corazón"*

Y siguió caminando.


*Ana María Shua. Como una buena madre. Edit. Sudamericana, Bs.As. 2001

miércoles, enero 7

mesa contigua

Estaban sentados en una mesita de dos a la espera del pedido cuando otra pareja ocupó la mesa contigua. Transcurrido un buen rato los sorprendió ver que la orden de ellos llegó antes que la suya y se indignaron lo suficiente como para mirar con insistencia las vituallas ajenas a modo de reclamo, otro poco por el hambre. Los mejor atendidos no pudieron no darse por aludidos, respondiendo a las miradas con risitas socarronas e invitándolos a probar de sus platos:

-Bueno, si quieren les convidamos un poco!

les dijeron y la tensión cedió paso a una conversación relajada de mesa a mesa hasta que decidieron unirlas y sentarse juntos. A pesar de que los cuatro eran de distintas nacionalidades (o precisamente por eso) se entendían perfectamente... tanto que empezaron a proliferar las miradas cruzadas y también los diálogos paralelos, ella con el otro él, él con la otra ella.

En un momento ella creyó oportuno preguntarle el nombre y el otro él le contestó con cara de diablo:

-Danger.