No, no te perdono el mal momento que nos hiciste pasar hace un mes, ni el espectáculo triste delante de mi hijo. Pero podría justificarlo el hecho de que ayer haya contado con las más válidas razones para no tener que llamarte ni verte en tu cumpleaños y en cambio hayamos pasado un hermoso día los tres. Mi familia.
Update:
Y de paso, la memorable frase de mi cuñado:
¿Por qué la gente no cumplirá años sin romperle las pelotas a los demás?
domingo, agosto 31
aire
lunes, agosto 25
si la vida se deja
(Franco Berardi)
Se acordó de esta frase cuando escuchó a Capusotto en una entrevista decir algo así como que poder/saber sustituir es parte de lo saludable. Pensó en cuánto tiempo de terapia se ahorraría la gente de aceptar a priori que las cosas cambian. Que todo tiene su fecha de vencimiento o, por lo menos, su mutación irreversible, incluyendo la percepción de las cosas.
Aún así, todavía no aprendió a calibrar los duelos.
Tarde entendió que no había llorado lo perdido sino todo lo que de sí misma depositó masivamente en la ilusión y el trabajo que supone la transformación. Que cada lágrima no desembolsada se convierte después en retroactivo, encareciendo hasta la factura más barata y sobredimensionando hasta la pérdida más insignificante.
Empezó a sentirse a gusto con la sensación de no tener ni puta idea por dónde iba a seguir su vida, a no renunciar a la libertad de disponer de ese tiempo para probarse todas las vidas que le vinieran en gana y a hacerse cargo del riesgo que supone ese gran misterio: el que entrañan las intenciones de infinitos otros actores.
jueves, agosto 14
qué cara, qué gesto
Con esta misma cara me asomé del tajo de la cesárea de mamá y lo primero que ví es a ese señor que me trajo al mundo muy parecido a Pancho Dotto. Luego de varios tironeos me encuentro por fín con mi vieja que lloraba como si le hubiesen pisado una uña encarnada. No alcancé a sentirle el olor que ya me llevaron y me pusieron sobre una bandeja de metal helada desde la que ese mamotreto de dos metros que decía ser el neonatólogo gritó TRES KILOS SIETE TREINTA! terminando de aturdirme metiendo mangueritas por todos mis bujeritos. Se vé que mamá esperaba que fuera más esmirriado porque me amatambraron con un enterito que no me cerraba en el cuello ni me dejaba estirar las rodillitas. Así de apretujado como sardina en lata y con esta mismísima carita de espanto me entregaron a mi papá que me miraba detrás de los anteojos que con tanta devoción destrocé un año después. Serio como perro en bote me miraba, se le notaba la cara de susto. Finalmente me topé de lleno con algo interesante sin lo cual hubiera pedido a gritos que me vuelvan a meter al lugar de donde me sacaron. Menos mal, porque la vida no estaba teniendo ningún sentido hasta ese momento.
Hoy las pispeo cuando se baña y no comprendo cómo me podía conformar con tan poco. Por suerte hace unas tartas de atún para chuparse los dedos.
sábado, agosto 9
gracias!
La esperé llegar, recostada en la luna con la patita colgando, toda azules y amarillos, toda afecto, toda risa, toda ella... y la encontré tan Alex como la imaginaba. A pesar del trajín que le implicó, aquí estaba en mi cocina. Entre mates, torta, alfajores de Carhué y embestidas de Armando Bardo me entregué a la conversación y confirmé una vez más que el mundo es más ancho que mis caderas, pero nos regala a veces momentos de hermosa cercanía, tan ilusoria como la distancia y a la vez tan real como los olvidos, tan necesaria, también, como el pan o el vino. Y nada parece suficiente para agradecer.
La tarde pasó veloz, las voces se quedaron un rato más merodeando por la casa. Y Armandito la siguió llamando hasta que se durmió:
-y ónde está Aclez?
domingo, agosto 3
emboscada
Todavía tiene la costumbre de emboscarla en el pasillo, cuando sale de la ducha envuelta en el toallón. Angostita y huesuda, la intercepta y la acapara con todo su cuerpo de osote. Dejame que me cago de frío. No comprende muy bien cómo hace para conservar su deseo inmune a la corrosión del tiempo y la convivencia. Es que tenés todo eso ahí... (se ríen, aún se ríen mucho juntos).
En ese sentido él es mucho más joven que yo, pensó ella, mientras sus patitas treinta y seis se dejaban guiar hasta la cama, descalzas y mojadas sobre las zapatillas cuarenta y cinco de él.
